miércoles, 14 de mayo de 2008

Eros y Psique


Un rey tenía tres hijas de singular belleza. La menor, Psique (que en griego significa alma), era tan hermosa que llegó a ser admirada como si fuese la Afrodita encarnada. Despechada, la diosa del amor, envió a su hijo Eros para que en forma de horrible monstruo terminara con ella. Las hermanas mayores de Psique se habían casado ya, y su padre consultó el Oráculo para saber cuándo hallaría marido para su hija más bella. Este escuchó con espanto que el oráculo le ordenaba vestirla con galas nupciales y dejarla en la cima de una montaña  abandonada, porque el Destino había previsto a Psique como cónyuge de un terrible monstruo ante el cual el mismo Zeus temblaba.

El rey, entre el dolor y los gemidos de la familia, hizo lo que se le había ordenado, y con profundo pesar la dejó sola en espera del cumplimiento del fatal destino. Sin embargo, al llegar la noche, el Viento Céfiro la condujo a un bellísimo prado de flores, junto al que se levantaba un maravilloso palacio de oro.

Sirvientes invisibles la guiaron hacia el recinto. Estando ahí, y respondiendo mágicamente a sus preguntas mudas, una voz dijo "Estás donde serás amada y tus deseos serán satisfechos." Llegada la noche, acudió el misterioso esposo a ejercer sus derechos conyugales. Psique, a pesar de conocer el nefasto vaticinio sobre la naturaleza de su prometido, notaba una extraña dulzura, una sensación de bienestar y no había en ella repulsión física hacia el extraño ser, aunque él no permitía que ella le tocara el rostro. Se amaban durante la noche, y cuando el día estaba a punto de irrumpir el esposo se alejaba en la oscuridad para no ser visto. Psique le preguntaba noche a noche el porqué de su negativa a ser observado a
la luz, pero él jamás respondía ni calmaba su natural curiosidad. "¿Acaso no somos felices así? -decía- Pues no te atormentes queriendo saber, porque ello implicaría la destrucción de esta felicidad".

Pasó el tiempo, y Psique comentó a su amado que echaba de menos a sus hermanas y quería verlas. Él le dejó ir a verlas pero le advirtió de que ellas querían acabar con su felicidad. Cuando estuvo con ellas, le preguntaron sobre su marido, pero no pudo decirles nada sobre su aspecto físico pues no lo había visto nunca. Tras escuchar esto, las hermanas la convencieron para que desobedeciera las ordenes de su esposo y lo contemplara porque solo un monstruo querría ocultar su aspecto. Tras esto, llena de valor, una noche tomó un candil, mientras él dormía profundamente, y temblorosa contempló al ser más maravilloso de la Creación, ningún monstruo o entidad deforme. Se acercó embelesada a acariciarlo, cuando sin querer dejó caer una gota de cebo del candil, y el hombre despertó. Eros, pues no era otro que Eros, (el mismo que al ser enviado por su madre a matar a Psique no pudo resistir enamorarse perdidamente de su víctima), desapareció en dirección al cielo. De pronto, Psique se halló nuevamente en la misma cima donde su padre la había dejado. Todo había desaparecido. Desesperada, vagó por las montañas, llorando a su amor perdido.

Para recuperar a Eros, Psique había de superar tres pruebas, una de ellas consistía en bajar al infierno para recoger una caja que contenía hermosura divina. Psique decidió echarse un poco y cayó en un profundo sueño, hasta que Eros la despertó con un beso o según la versión pinchándola con su flecha y se la llevó al Olimpo a vivir junto a él.