miércoles, 2 de abril de 2014

Atalanta e Hipómenes




Esta joven cazadora consagrada a Ártemis era hija de Atamante y Temisto según la versión más extendida del mito, aunque Eurípides la hace hija de Ménelo.

Su padre deseaba únicamente hijos varones por lo que cuando nació la abandonó en el monte Partenio, allí una osa la cuidó y amamantó hasta que unos cazadores la encontraron y se la llevaron para criarla como a una hija.

Cuando creció decidió no casarse y mantenerse virgen para consagrarse a la dios Ártemis a la que emulaba en el arte de la caza. Fue una de las cazadoras más célebres de la antigüedad y su fama se acrecentó después de participar en la cacería del jabalí de Calidón y de participar y vencer en la carrera que Peleo organizó en honor a su difunto hijo (Aquiles) después de la guerra de Troya.

Además de estar obligada a permanecer virgen por estar su voto a Ártemis, un oráculo había predicho que una vez se casara, sería transformada en animal. Para evitar que tal día llegara anunció que solo se casaría con quién lograra vencerla en una carrera, pero, si ganaba ella, debía matar a su contrincante. Aunque daba ventaja a todos sus oponentes, ninguno lograba vencerla.

Así fue, hasta que apareció un joven llamado Hipómenes que logró vencerla no con su celeridad sino con su ingenio: para ello usó las manzanas de oro del jardín de las Hespérides que le había regalado Afrodita y cada vez que Atalanta iba a alcanzarle, lanzaba una y conseguía distraer a la muchacha que quedaba hechizada por la belleza de las manzanas.

Se casaron y vivieron felices hasta que un día entraron a un santuario dedicado a la diosa Cibeles y allí gozaron de su amor. La diosa se enfureció ante tamaño sacrilegio y como castigo transformó a los amantes en dos leones y luego los unció a su carro.