martes, 1 de noviembre de 2011

el más allá en Grecia



La mitología tradicional griega cuenta que cuando las personas morían penetraban bajo tierra hasta llegar al Hades, si bien es cierto que posteriormente apareció la figura de Hermes como encargado de guiar a las almas hasta el Hades y la del barquero Caronte que trasladaba a las almas de un lado de la laguna Estigia hasta el otro lado, en el que se podía acceder al Hades. Solo las almas de las personas que habían recibido sepultura podían acceder al Hades. Este era igual para todo el mundo excepto para algunos casos muy especiales como el caso de grandes héroes que podían acceder a los campos Elíseos o el caso de grandes trasgresores como puede ser el de Prometeo ( engañó a la muerte para volver al mundo de los vivos y ofreció a los humanos el fuego que solo era accesible a los dioses); el caso de grandes transgresores sexuales como Ixión y Ticio...
El resto de almas vagaban sin alegría ninguna por el mundo de los muertos.
Su religión estaba basada en el hic et nunc(aquí y ahora) a diferencia de las grandes religiones monoteístas que conocemos hoy en día, en las que hay una descripción bastante detallada del más allá.

Esta concepción de la muerte resultaba bastante desalentadora. Después de una larga vida, te esperaba una eternidad vagando sin pena ni gloria, ni recuerdos de tu vida.
Por eso algunas filosofías como el pitagorísmo  y el orfísmo dieron alternativas a esta teoría. Estas teorías insisten en los castigos como por ejemplo ir a parar a un fangal, tener que llevar agua en un colador o el ataque de criaturas monstruosas.

Se han hallado una serie de pequeñas láminas de oro con inscripciones como parte de botines funerarios. En ellas se han escrito instrucciones para llegar a un más allá más agradable. El lenguaje es un tanto críptico para evitar que cualquiera acceda a él. En el más allá agradable la memoria tiene un papel importante. Por eso en las tablillas se explica como conservar la memoria después de morir.  En la entrada  había a la derecha un ciprés y una fuente. Los órficos no podían refrescarse en esa fuente porque sino se quedarían allí toda la eternidad, si no que tenían que continuar y llegar hasta una fuente del lago de Mnemósine y bañarse en ella para recuperar la memoria que habían perdido al morir.