sábado, 28 de septiembre de 2013

Versiones de mitos: Eros y Psique






No lejos de Londres vivía un adinerado comerciante español. Había sido exiliado por la crisis económica que atravesaba su tierra natal y había conseguido prosperar económicamente en tierras de Shakespeare. Todo comenzó cuando desesperado por su situación fue a consultar a una bruja y esta le recomendó emigrar a tierras bañadas por el mar del norte, allí lograría resolver sus problemas y formaría una familia junto a una mujer británica. De ellos nacerían tres hijas, dos de ellas hermosas, la tercera más hermosa aún, tan hermosa que despertaría los celos incluso de diosas. Cuando esta alcanzara la edad casadera, habría de enviarla cada viernes a comprar el pan a la panadería de la villa, allí encontraría a un joven, no un joven cualquiera, sino un descendiente de dioses con el que se casaría.

Tal como le predijeron, tuvo tres hermosas hijas, de las cuales sin duda, la que brillaba más era Psique. Deseada por muchos y no menos envidiada, consiguió despertar los celos y las iras de la mismísima diosa de la belleza quién hizo llamar a su hijo Eros, fruto de sus amoríos con Licantropón, hijo de una ninfa y un lobo. Había heredado el joven la belleza de su madre pero llegadas las noches de luna llena, su cuerpo se cubría de vello, sus manos mutaban en afiladas garras y era incapaz de articular más sonido que un aullido.Cuando llegó, su madre le ordenó acabar con la vida de Psique. Inmediatamente se dirigió a la panadería del barrio de Psique, porque su progenitora le había dicho que podría hallarla allí. Al verla, quedó prendado de su belleza y fue incapaz de matarla. El amor es mutuo y enseguida se casan y se trasladan a vivir al palacio de Eros.

Los dos son muy felices, sin embargo Psique arde en deseos de pasar una velada bajo la luz de la luna llena con su amado, pues no podía imaginar cosa más romántica, pero él siempre  le pone una excusa a fin de que ella no descubra que es un licántropo. Le dice que jamás le haga salir de casa los días de noche llena.

Un día, recibe la visita de sus dos hermanas. Le preguntaron sobre como le iba con su marido, a lo que ella respondió que era muy feliz junto a él, cada día era más maravilloso que el anterior pero siempre que quería cenar a la luz de la luna llena o simplemente salir a contemplarla, el se negaba a ir. Les pareció esto extraño a sus hermanas y la convencieron para que hiciera salir a su amado un día de luna llena. Cuando el momento llegó, Psique puso una venda en los ojos de Eros y le dijo que una sorpresa le esperaba. Dando un rodeo por la casa, evitó que se diera cuenta de que salían al jardín y cuando tenía de frente a la redonda luna, le destapó los ojos. Inmediatamente comenzó a cubrirse de pelo su cuerpo, luego sus manos se tornaron en afiladas garras, en el lugar donde antes estaban los hermosos labios, apareció un ocico.

Avergonzado y ofendido por la traición, corrió a esconderse  a la morada de su madre. Cuando Psique se da cuenta de su error, acude junto a la diosa para recuperar su amor. Venus, rencorosa, le encomienda cuatro tareas:

Primero tenía que encontrar una aguja en un pajar.

Luego tenía que contar uno a uno los granos de arena que cabían en un reloj de arena

Como tercer trabajo tenía que viajar hasta el jardín de las Hespérides en busca de una manzana de oro.

Y finalmente como última tarea y la más difícil tenía que ir al inframundo en busca de belleza divina. Debía prepararse para el viaje, pues tenía que pagar a Caronte y posteriormente engañar a Cerbero para poder entrar . Para esquivar a cerbero preparó unos deliciosos pasteles con los ingredientes que le proporcionó Dulcinea, diosa de la repostería. Tomó dos obolos para pagar a Caronte ( uno en el trayecto de ida y otro en el de salida) y emprendió el camino rumbo al Aqueronte. Pagó un obolo al barquero y este la condujo hasta la puerta del Averno. Lanzó el dulce para distraer a Cerbero y finalmente consiguió entrar. Allí la esperaban Hades y Perséfone para entregarle la caja que contenía belleza divina. Le advirtieron de que bajo ningún concepto abriera la caja.  Una vez salió, pensó que si se ponía un poco, nadie se enteraría y además gustaría más a su amado esposo. Cuando se impregnó la cara de esa sustancia, quedó profundamente dormida. A su rescate acudió Eros y la despertó con un beso de amor.