domingo, 26 de enero de 2014

Latin Vulgar








El latín vulgar es el nombre que se le da a la lengua hablada  por las clases más bajas de Roma, menos influidos por los textos literarios que las élites. El latín es una lengua que se habló durante muchos siglos y en un territorio muy extenso, por lo tanto no podemos pensar en el latín vulgar como algo estático e invariable pues hay otros factores que influyen en la lengua como la época ( no debió ser igual el latín del S. I  que el del S. V), la geografía ( un hispano seguramente no hablaría igual el latín que un galo o un romano), el nivel cultural del hablante y las jergas ( el vocabulario de un soldado dista mucho del que habitualmente usa un agricultor).

No se puede hablar de textos vulgares pues en el momento que alguien escribe intenta en la medida de sus posibilidades ajustarse al lenguaje "correcto". Si se puede hablar en cambio de textos más influidos por el habla vulgar ( obra de Petronio, comedias de Plauto o inscripciones de Pompeya) y textos poco influidos.

En cuanto a la diferencia que tiene este latín con el latín literario, los estudiosos de finales del siglo XIX y en especial W.Meyer-Lübke concebían al latín vulgar como una variante muy distinta al latín literario, casi casi como dos lenguas distintas. Sin embargo aunque esta idea pervive en algunos estudiosos, gran parte de los filólogos de hoy en día concibe el latín vulgar como una lengua que aunque era diferente de la lengua literaria, no se alejaba tanto de la variante literaria.

La idea de Latin vulgar, aunque era intuída por algunos eruditos del Renacimiento, no nació hasta el s. XIX. Una serie de factores ayudó a que los filólogos tomaran conciencia de la existencia de una variante distinta al latín clásico: se examinó y editó un gran número de textos latinos tardíos y medievales, poco conocidos hasta el momento, Charles Du Fresne inició la publicación de Glossarium mediae et infimae latinitatis, que reunía infinidad de términos poco conocidos en el latín clásico, los filólogos alemanes iniciaron la publicación del Corpus Inscriptionum Latinorum ( una compilación de inscripciones en latín) y se editó una serie de textos tardíos y medievales que hasta el momento estaban sin editar o eran de difícil acceso.

Todo este acopio de nuevos materiales permitió que los filólogos, a través de la comparación de unos y otros textos vieran que algunos de los "errores" y "barbarismos" eran el reflejo de un "evolución" que no se veía en el latín enseñado en las escuelas.

A partir de estos estudios y gracias a que disponían de más material y de mejor calidad, se llegó a la idea del Latín verbal, una lengua distinta a la literaria.

Llamó la atención de aquella gente que  palabras como el verbo loquor (hablar), de uso frecuente en la antigüedad, no han pervivido en ninguna de las lenguas románicas, sino que han sido substituidos por vocablos mucho más periféricos o incluso de origen no latino. El francés ( parler), el italiano ( parlare) y el provenzal ( parlar) emplean verbos procedentes de un verbo tardío parabolare, propio sobretodo del uso cristiano. Castellano ( hablar) y portugués ( falar) usan un verbo derivado de fabulari que siempre existió en latín pero era de uso menos frecuente que loquor y tenía un significado más restringido.

En el terreno fonético se puede ver que las vocales ē- ĭ  latinas, dan un mismo resultado al pasar a las lenguas románicas en muchísimos casos. Por ejemplo: fĭdem: fe (castellano y gallego), foi (francés), fede(italiano); crēdere: creer ( castellano), crer (gallego), credere (italiano), croir (francés); tela: tela ( castellano/ catalán/ italiano) toile ( francés). En francés ambas vocales dan el diptongo oi, en los otros casos e. A partir de esto los estudiosos deducen que hubo una variante del latín en la que estas vocales (ē- ĭ) eran una sola.
Además, para reforzar esta teoría, se puede ver que en las inscripciones de finales de la antigüedad y principios de la Edad Media que los fonemas ē- ĭ se confunden a menudo, se pueden encontrar formas como rigna o minsis ( en lugar de regna y mensis) y menus o sene en lugar de minus y sine.


Gracias a un material más fiable, porque se revisaron muchas ediciones y más abundante, porque se editaron textos tardíos y textos epigráficos los filólogos pudieron saber que la realidad lingüística latina era más compleja de lo que mostraban los textos clásicos y que lo que en un principio se creyó que eran "errores" o "barbarismos" podrían ser testimonios de esa mayor complejidad lingüística.

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