jueves, 9 de febrero de 2017

Lenguas clásicas: ¿Para qué?




Quizás esta sea una de las preguntas que más veces han escuchado los docentes y estudiantes de lenguas clásicas. A simple vista puede parecer que una lengua en desuso no puede aportar nada a las personas que viven en la sociedad actual en la que prima el provecho y el rendimiento y que se suele traducir en avances tecnológicos, médicos y beneficio económico. Ni siquiera las lenguas vivas, sobre todo las minoritarias, se valoran hoy en día.

Pero esta creencia generalizada, no es del todo cierta. Cualquiera que tenga un poco de idea sobre como funciona la memoria, sabrá que para que los nuevos conocimientos que intentamos adquirir se fijen en nuestra memoria es muy importante que estos sean significativos y que se relacionen con cosas que ya aprendimos anteriormente. Si no es así, lo más probable es que lo olvidemos en menos que canta un gallo y si, a pesar de que el contenido no se comprende del todo, conseguimos recordarlo, el esfuerzo que habremos realizado para memorizarlo será mucho mayor. Es en la comprensión de los tecnicismos utilizados por las diferentes ciencias donde nos pueden ayudar las lenguas clásicas ya que la mayoría utilizan sobretodo raíces griegas pero también latinas.
Conocer la etimología de los términos ayuda a comprender el término mejor y añade información a la palabra que en algún momento puede actuar como clave para recuperar su significado.

Me resultó sorprendente ver que entre los estudiantes y profesores de psicología fuera complicado recordar términos como hipoxia (déficit de oxígeno), poliginia (muchas mujeres), poliandria (muchos hombres) o apraxia (dificultad motora). La única explicación que se me ocurrió fue que para ellos entre la palabra y el significado había una relación aleatoria. Son muchos más los términos con origen greco-latino que se utilizan en las diferentes ramas del conocimiento pero no es mi intención nombrarlos todos, solo aportar un motivo objetivo para conocer las lenguas clásicas a aquellos que creen que es una total pérdida de tiempo.

Las lenguas clásicas no solo pueden sacar de un apuro con los tecnicismos a los esforzados estudiantes, también contribuyen a la mejor comprensión de la lengua propia e incluso ayudarnos con el aprendizaje de alguna lengua extranjera. El latín es la lengua madre de la muchas de lenguas que  se hablan hoy en día en Europa y además influyó en lenguas que no derivan directamente de él como el inglés, ejemplo de esto son  palabras como pauper y exit.