jueves, 31 de octubre de 2013

Versiones de mitos: La gorgona Radhyana







Nació fruto del amorío entre el divino Aquiles y la mortal persa Sherezade, la joven Radhyana. Tenía una hermosa cabellera de color azabache, los ojos del color de la aceituna y la tez morena como su madre.
Tan bonita era su melena que incluso la más bella de las diosas la envidió. Cosechó además grandes éxitos en el mundo de la música y desde temprana edad gracias a la ayuda de Apolo. En su honor se cortó el vello y lo depositó en el altar de su templo, allí  apareció un hermoso caballo blanco. Era  Poseidón, loco de amor por la joven, y la violó ante el altar.

Afrodita interpretó este gesto de la joven como una gran ofensa y decidió castigarla de forma severa. Convirtió su melena en horribles serpientes, sus suaves manos se cubrieron de una áspera piel de serpiente, sus ojos color aceituna se tiñeron del color de la sangre, sus dientes como perlas se convirtieron en unos amarillentos colmillos y además la condenó a petrificar a todo aquél que la mirara a los ojos.


Avergonzada de su nuevo aspecto, corrió a esconderse a una cueva que había en los montes. Esa noche, se puso la máscara que había hecho durante el día y bajó al poblado a pedir algo de comer, agradecía el gesto a las amables gentes que le ofrecían pan, frutas, verduras y alguna chocolatina y  petrificaba a quienes decidían no darle nada  .

No sabía Radhyana que aquél día solo había comenzado su desgracia. Cada día bajaba de nuevo al pueblo para pedir alimentos. Pasados unos nueve meses, cuando preparaba su cesto para bajar a por alimentos, apareció en la cueva Perseo para matarla. Antes de que pudiera petrificarlo con su mirada, este usó el casco que le había dejado Hades y Radhyana lo perdió de vista. Se quitó el casco y cuando Radhyana lo miró a los ojos, se protegió con su escudo espejado, creyendo que si se miraba a si misma a los ojos, quedaría petrificada, pero no fue así. Volvió a ponerse el casco y se acerco sigilosamente a la gorgona y la decapitó con su espada. De su cuello emanó una fuente de sangre y cuando la sangre cesó se pudo ver salir a un hermoso caballo alado de color blanco: Pegaso.