jueves, 14 de noviembre de 2013

Versiones de mitos: Démeter y Perséfone





                      

Hacía ya  tiempo que Hades había abandonado su infernal morada para ir a vivir con su novia, Démeter, a una bonita zona residencial a las afueras de la ciudad.

Mercurio pasó a ser el nuevo rey del mundo infernal, cuando el antiguo señor lo abandonó para vivir junto a su amada.

Vivieron casi dos años juntos antes de que se celebrase su boda y apenas nueve meses después de las nupcias entre Hades y Démeter, llegó al mundo la pequeña Perséfone, fruto del amor entre los dos dioses.

Pasados los años, llegó el momento en que el amor entre Hades y Démeter se agotó y Hades abandonó el hogar conyugal. Veía a su pequeña Perséfone un fin de semana alterno y pasaba religiosamente la pensión por alimentos, pero llegó el día en que el padre se hartó de ver tan poco a su niña y decidió recogerla un martes del colegio y marcharse con ella para no volver.

Démeter, cogió su coche después de su jornada como ingeniera agrónoma, y condujo hasta el colegio de Perséfone. Cuál fue su sorpresa cuando preguntó por la niña y le dijeron que ya la había recogido un hombre antes de la hora de comer.

Se derrumbó la madre ante la noticia. Corriendo fue a la policía a denunciar los hechos, llamó al padre para comunicarle la desaparición de la pequeña. Este disimuló y le prosiguió con la mentira que tenía preparada. Le había contado que estaría fuera por dos semanas de viaje de negocios. Tenía que ir  a mostrar la nueva colección de urnas y ataúdes personalizados porque un importante funerario de París estaba interesado en importarlas.

Démeter, no sospechaba aún nada y creía ciegamente en las palabras de su ex-cónyuge. Colgaron carteles por toda la ciudad, difundieron su desaparición a través de twetter, de facebook, y cuantos medios informáticos se le ocurrieron. Apareció la noticia por todos los canales de televisión pero la pequeña había desaparecido sin dejar rastro.

Démeter estaba destrozada, vagaba cual alma en el Hades. Nada podía devolverle la sonrisa. El sol dejó de calentar la tierra con la misma intensidad, los árboles dejaron de dar frutos y se secaron las cosechas. La naturaleza acompañaba en el duelo a la madre.

Pasaron seis largos meses hasta que la madre tuvo de nuevo noticia de su amado retoño. La había visto un ciudadano pasear junto a un hombre alto, de complexión fuerte y pelo cano. Entonces pudo saber que quién retenía a su hija era el propio padre. No había tenido noticias de él desde hacía meses, no lo había visto desde antes de la desaparición de Perséfone y la descripción que le habían dado coincidía con la suya.

Se volvieron a movilizar los medios de comunicación y la policía reactivó la búsqueda. Tardaron tan solo tres días en encontrar a Hades. Estaba escondido en una casa, a las afueras de un pueblecillo perdido en la montaña.

Cuando Démeter volvió a ver a su hija, el sol volvió a calentar la tierra con la misma intensidad que antes, los árboles volvieron a dar frutos y las cosechas volvieron a crecer.

Aunque castigaron severamente al padre, por retener a su propia hija, no pudieron privarle del derecho a ver a su hija. Se celebró un juicio tras otros largos seis meses en los que Hades no pudo ver a Perséfone.
El juez decidió que lo más justo era que la niña pasara medio año con Démeter y el otro medio con Hades.

Los seis meses que la niña pasaba junto a la madre, los árboles daban frutos, las semillas crecían y la tierra era fértil. Los otros seis el sol dejaba de calentar la tierra, las semillas no germinaban, las hojas de los árboles caían y no se podía ver ningún fruto en ellos. Todo intento de producir frutos o vegetales era vano: la naturaleza compartía el duelo de la divina madre.